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El pasado 7 de abril dejó de existir el pastor Emilio Castro, figura relevante en la defensa y promoción de los derechos humanos y uno de los fundadores de la Comisión Uruguaya de Lucha Contra la Corrupción en 1996

Héctor Lescano, otro de los cofundadores de la Comisión, realizó una semblanza de la trayectoria de Emilio Castro en los diversos ámbitos en que se desempeñó. Por considerarla una contribución muy precisa sobre la personalidad y acción social del pastor Castro, se transcribe el artículo íntegro de Lescano publicado en el diario La República en la edición del 29 de abril. 

EMILIO CASTRO: HACEDOR DE FUTURO

En días pasados, falleció el Pastor Emilio Castro. Protagonista significativo de los tiempos que en el Uruguay se vivieron a partir de la década de los años ’60, su acción, con ser muy importante en el ámbito eclesial, trascendió su ministerio pastoral, para por su prédica y acción, constituirse en un referente gravitante de los cambios operados en la sociedad uruguaya de entonces.

Con toda franqueza, creemos que la noticia de  su partida y las consecuencias de congoja y emociones que seguramente generó en miles de compatriotas, no adquirió en nuestro país, la dimensión que merecía tan extensa y fecunda trayectoria nacional e internacional.

También es muy cierto que su modo de ser y su siembra de humildad, así lo hubieran preferido.

Nos enteramos a través del Profesor Mario Cayota, quien bien lo conociera compartiendo en el espíritu y la acción ideales y compromiso ecuménico, en el transcurso de una emotiva exposición que realizara en muy importante Seminario organizado días atrás por el Instituto Humanista Cristiano Juan Pablo Terra, o Humanista Comunitario, como preferiría llamarlo Mario.

Sin duda, un hacedor de futuro, que hizo nacer, no obstante las circunstancias adversas que se presentaban, realidades altamente positivas, tanto para la Iglesia como para el País. El Pastor Castro, entre otras muchas cosas, fue un entusiasta promotor del diálogo interreligioso, y en los inicios de los años ’70 colaboró activamente a que se generaran en el plano socio-político nuevas alternativas para el País. Su sólida formación, -fue en Europa discípulo de grandes y conocidos teólogos-, le permitieron dar respuesta cabal a los desafíos que se presentaban.

Particularmente sensible a la problemática e inquietudes del mundo moderno, la palabra del Pastor Castro era escuchada con atención tanto por creyentes como agnósticos. Quienes asistieron a sus célebres prédicas en la Iglesia Metodista de la calle Constituyente, pueden atestiguarlo. Con toda razón a Castro puede aplicársele la conocida frase de Perencio, cuando éste afirmaba que “nada de lo que es humano me resulta ajeno”. De ahí la numerosa y heterogénea concurrencia que asistía a escucharlo, cuando siguiendo el consejo de su maestro Karl Barth preparaba su prédica “teniendo presente a la Biblia y al periódico”.

Sin duda que en esta labor lo ayudaba su estilo de exposición, ágil y ameno, que acompañaba con imágenes atrayentes; hasta el timbre de su voz colaboraba para convertirlo en un orador de excepción.

Pero en la vida del Pastor Emilio Castro no fue sólo su palabra lo que llegó a distinguirlo. Fue también su compromiso social, que Castro no rehusó asumir, incluso en situaciones límites, en los tiempos del autoritarismo conllevaron a que fuera inicuamente detenido con su gran amigo el Padre Justo Asiaín Márquez. A su vez, siguiendo la proverbial tradición de la Iglesia Metodista, el Pastor Castro evidenció siempre una particular preocupación por los problemas sociales, la justicia y las soluciones que dichos problemas demandaban. En este sentido alentó y orientó a no pocos cristianos a que asumieran un compromiso social y político acorde a esta temática.

Emilio Castro fue un hombre de múltiples realizaciones y presencias. Imposible enumerarlas puntualmente; sólo recordamos que fue uno de los principales animadores de la “Confraternidad Judeo-Cristiana” y que colaboró activamente en la creación y desarrollo de “Uruguay Transparente”, institución de lucha contra la corrupción fundado bajo el impulso de Víctor Vaillant y presidido por la tan recordada Dra. Jacinta Balbela. Allí tuvimos el alto honor de compartir horas de trabajo junto al Pastor Castro y Mons. Luis del Castillo, ambos como referentes de las Iglesias. Sin duda que sus condiciones y labor desplegada, incidieron para que el Consejo Mundial de Iglesias lo eligiera como su Secretario General, cargo de gran responsabilidad y jerarquía mundial, a través del cual desplegó una muy eficiente pero también brillante labor. Coherente con su pensamiento y acción, se constituyó asimismo desde el Secretariado en un eficaz defensor de los Derechos Humanos y un solícito protector de los afectados por sus violaciones.

En los últimos años, aquejado de una  seria dolencia, y ya de retorno al Uruguay, el Pastor Castro se vio limitado en su tradicional accionar, pero no por eso dejó de gravitar a través de su consejo y orientaciones que brindaba. Desde el hoy, su ayer se hace presente.

Héctor Lescano